A mí me encanta dormir. Esa es la cruda verdad. Yo no soy de las personas que dan veinte vueltas todas las noches y no concilian sueño, yo cierro los ojos y ya estoy soñando con mis libros en la vitrina de Barnes and Noble en la 5ta Avenida de Nueva York. A mí me pueden despertar a la mitad de la noche e igualito me vuelvo a dormir al segundo sin ningún problema. En las mañanas, me es casi imposible pararme, es como si estuviese drogada de sueño, la misma sensación que te da cuando te despiertan y sólo has dormido dos o tres horas. A mí me pasa cuando duermo 5, 6, 8, o inclusive, 12 horas. Es por esto que todas las mañanas, cuando me despierto para ir al trabajo, detesto perder 30 minutos de sueño para indagar en el clóset y escoger qué rayos me voy a poner para ir al trabajo ese día.
El dress code de la oficina es semi formal. Lo que se traduce a pantalones negros, talleres, vestidos, y ropa que no es muy cómoda para el diario. No hay, ni siquiera, Casual Fridays. Y sí, yo sé que pudiera sacar la ropa la noche antes, pero mi argumento es el mismo. Odio perder tiempo de sueño en elegir qué ponerme. En varias oportunidades he intentado abrir el clóset e introducir mi mano aleatoriamente sin ver, a ver qué sale, pero nunca algo que combine, algo que me provoque, algo que me complazca. Todavía recuerdo cuando en las semanas previas al primer día de trabajo fantaseaba constantemente con vestirme de ejecutiva, jajaja... Re-organicé mi clóset para tener a la mano toda la ropa que me servía para el trabajo. Poco sabía yo que al mes me iba a obstinar de todo eso...
Esta mañana, particularmente, recordé con nostalgia el bachillerato. Qué cómodo era levantarse quince minutos antes del comienzo de clases, ponerse el uniforme de todos los días e inmediatamente cepillarme los dientes e irme al colegio tranquilaza, porque sabía que todo el mundo iba estar igual que yo, y relajada porque había dormido divinamente la noche anterior. Recordé, también, como a esa edad lo máximo en la vida era el día al año escolar en el que podías ir vestido de civil porque era el Family Field Day o un día especial por X o Y motivo.
Es increíble como siempre queremos lo que no tenemos. Mi mejor amiga ahora del trabajo me estaba diciendo que le gusta mi pelo cuando lo tengo ondulado. Yo odio mi pelo así y amo el pelo liso baba de ella. Si eres rubia, quieres ser morena, si tienes los ojos azules, los quieres miel, si los tienes miel, los quieres verdes, si los tienes negros los quieres azules. ¿Hasta cuándo? Qué inconformidad, vale. Yo quiero un uniforme. Pero sólo si viene de Club Monaco, Max Mara, o Banana Republic.
Es increíble como siempre queremos lo que no tenemos. Mi mejor amiga ahora del trabajo me estaba diciendo que le gusta mi pelo cuando lo tengo ondulado. Yo odio mi pelo así y amo el pelo liso baba de ella. Si eres rubia, quieres ser morena, si tienes los ojos azules, los quieres miel, si los tienes miel, los quieres verdes, si los tienes negros los quieres azules. ¿Hasta cuándo? Qué inconformidad, vale. Yo quiero un uniforme. Pero sólo si viene de Club Monaco, Max Mara, o Banana Republic.
4 comments:
Yo la selecciono en la noche (a veces y luego la cambio en la mañana, a veces también) jejeje
Hagamos una carta a la OEA :)
Oye.
Eso del uniforme d bachllerato me ha golpeado en la cabeza.
Recuerdo que en aquellos dás de liceo , moría (mos) por ir de ropa. O siempre habían intentos .
Que si llevar converse en vez de los zapatitos negros.
Que si una camisa por dentro de la chemisse beige.
¡ Algo , algo ! que te delatara diferente entre la MURTITÚ .
¡Saludaciones! :D
Jajajaja...
Igual me pasa lo mismo. Me fastidia tener que escoger para ir a trabajar... Quiero un uniforme!!
La inconformidad es divertida. Ser conformista es lo peor. Digo yo. Pero como jode la inconformidad.
Post a Comment