Monday, May 31, 2010

Aprendizajes de mayo

- Querer es poder aunque a veces haya que sacar la voluntad de donde no la hay.
- Tenemos que encontrar la fuerza dentro de nosotros mismos para salir adelante.
- Es verdad, hacer ejercicio te llena de endorfinas, que te hacen feliz y ayudan a superar cualquier mal.
- En momentos de despecho lo mejor es salir todas las noches, tomar, conocer gente nueva, bailar hasta más no poder y mantenerse 100% ocupada.
- Uno proyecta lo que siente y eso se traduce en # de levantes que tienes al mes. Deberían existir talleres de autoestima para quienes padecen de poca estima (karma).
- Nada como una piña colada y los mojitos de Valen
- Las amigas son un ingrediente fundamental en tiempos difíciles. Lo mismo digo de capítulos de Sex and the City y Seinfeld.
- Amo trabajar con diseñadores.
- Me encanta mi trabajo - últimamente he escrito ful! (más que editar).
- Cuando se acabe mi #planmami, quiero un photoshoot de calidad.
- Quiero tiempo para poder escribir todos los cuentos, crónicas, y novelas cortas que tengo en mi cabeza.
- Quiero tiempo para estudiar para el GRE.
- Quiero poder decir que te he superado un 100% y no un 98,5% .
- Thanks for showing me I'm the bigger/better/nicer/decent person.
- La felicidad viene en pequeñas pero concentradas dosis.
- Es irónico pero al final, tu mal me hizo el mayor bien.
- Quiero y necesito limpiar este blog de ti. Please don't hold it against me.

Tuesday, May 25, 2010

Pensamientos de Carrie. Vol. 1


Desde hace muchísimo tiempo puedo decir que soy fanática, además de Seinfeld, de la serie Sex and the City. Muchos la juzgan de ser una serie vacía y superficial, a ellos les pregunto: ¿cuántos episodios han visto? seguramente ni uno completo. Es como juzgar un libro por su portada, no puedes, punto! La serie tiene un guión genial, un casting que se ha llevado todos los reconocimientos habidos y por haber y además de todo, es filmada en Nueva York. ¿Qué más puede tener? La serie mezcla el humor inteligente con drama y es narrada, desde el punto de vista de Carrie, escritora quien tiene una columna en un diario que se llama Sex and the City. La serie siempre termina con una reflexión. Voy a tratar de poner una cada quince días, porque son geniales!!! La de hoy:

Later that night I got to thinking about the x-factor. In mathmatics, we learn that x stands for the unknown, a+b=x, but what's really unknown is what plus what equals friendship with an x. Is this an unsolvable equation? Or is it possible to transform a once passionate love into something that fits nice and easily onto the friendship shelf? I couldnt help but wonder... can you be friends with an x?

Sunday, May 23, 2010

Don't give me that look


En los últimos cinco años me he dado cuenta que aquella imagen tierna que hace el gato malévolo de Shreck 2, de ojitos cuchis, para conseguir lo que quiere, existe también fuera de la pantalla cinematográfica. Mi perra Kala, la Golden Retriever más hermosa de la ciudad de Caracas, es muy expresiva con sus sentimientos, pero además de ésto tiene la viveza de saber usar su mirada tierna a su conveniencia. Y yo, que siempre he sido de carácter fuerte, nunca tengo corazón para darle su paliza, cuando me pone esta mirada,  luego de un acto malintencionado e inaceptable (como lo es mearse sobre la alfombra de la entrada principal de mi casa) y al verla - con su look cuchi- se me encoje el corazón a dimensiones no deseables y siento su vergüenza como el acto de arrepentimiento más sincero que pueda existir. Luego de que me doy la media vuelta y no la regaño, me encierro en mi cuarto a pensar y es cuando me da una rabia absoluta que la carajeta me haya hecho limpiar su meao a las 12:30 am, mientras me arqueaba del asco y las náuseas que generaba en mí el olor concentrado a pipí, y encima de todo, sale ilesa del incidente, sin un sólo grito o regaño a cuestas. O sea, ¿existe algo más manipulador que su miradita cuchi? I don't think so!

(Cuento) El jardín de los sueños perdidos

Hoy el día empezó gris.  Con el alma devaluada ante la humillación de esconderme de mí mismo, en un intento de huir de miedos y preocupaciones, me di cuenta que cuando se vive en la calle no hay ayer ni mañana. Parece mentira, pero cuando las circunstancias no te dejan dormir dos horas seguidas, vives en un trance que convierte el "hoy" en un día infinito, que nunca termina, como reforzando la imposibilidad de seguir adelante y avanzar. 

A mis 38 años, hoy puedo decir que no tengo absolutamente nada y que lo poco que he tenido lo perdí con las malas decisiones que he ido tomando a lo largo de mi vida. Sueños y ambiciones tropezaron con rebeldías y malas juntas y fue así como las ganas que tenía de estudiar y ser grandioso cambiaron por ganas de vender los que fuese para comprarme un carro último modelo. Cambié, sin darme cuenta, verdaderos amigos por acosadores y espías, a mi tía hermosa que me crió  con todo el cariño del mundo, por drogadictos, y a un hogar clase media por por un cartón en la calle.

Hoy me paseé por las calles de Harlem. Con hambre hurgué basureros en esquinas abandonadas, con la esperanza de encontrar algo medio decente para ingerir, pero no fue el resultado. Me resigné a extender mis manos mugrientas a extraños que me veían con cara de asco, mezclada con lástima y decepción. Estaba a punto de rendirme cuando finalmente, al pedir un dólar cincuenta céntimos a una señora muy elegante que salía de un consultorio médico, me dio un largo vistazo y me dijo al darme lo que pedí "¿De dónde vienes? ¿Dónde estabas antes de iniciar el proceso que te trajo aquí?" Moví mis labios para intentar responder, cuando la señora me frenó en seco: "No hijo, no es para que me lo digas.  Respóndete a ti mismo esa pregunta y has todo lo que puedas por regresar a ese lugar". Y la señora me dio una última mirada y siguió su camino hacia el taxi que la esperaba pocos metros atrás. Sus palabras empezaron a hacer ruido en mi cabeza, o quizá en mi alma, no lo sé. El dólar cincuenta destinado al slice de pizza se albergó con paciencia en mis bolsillos mientras mis pies iban en busca de aquel lugar.

Caminé y caminé, por horas, minutos, o días, tampoco sé. Sólo tengo la certeza de haber entrado a aquel terreno baldío donde hace veinte años había un edificio antiguo, adueñado de óxido y pintura escarapelada, que ahora era sustituido por un cartel que anunciaba la próxima construcción de un hospital pediátrico para la comunidad. Sin embargo, detrás de aquella estructura de óxido que ahora sólo albergaba mi imaginación, estaba el tobogán de mi infancia, intacto, como si no hubiesen pasado años, incluso décadas, no. Sólo días. Rojo y azul, me esperaba, recordándome de aquellos momentos de inocencia infantil en aquel jardín de mi infancia, cuando se respiraba un aire de esperanza mientras jugábamos a soñar ser prósperos y ayudar a nuestros padres a salir de aquel lugar. Aquello parecía una postal de mi vida. Entre lágrimas de nostalgia y sonrisas esperanzadoras, recordé lo que es soñar otra vez.

Mi mente y mi alma dejaron de sentirse abandonadas y, sentado en aquel tobogán, me sentí de nuevo ese niño que un día fui y esa sensación me dio la certeza de que podría volver a tener o a soñar con un futuro, que no todo estaba perdido.  Pensé de nuevo en las palabras de aquella señora elegante. Si tan sólo supiera que me cambiaron la vida.

Friday, May 21, 2010

the DRAMA is OVER!

Querido lector:

A usted que se pasea por las letras de este blog, le tengo una grandiosa noticia: el drama finalmente se acabó. Esta humilde escritora a punta de ejercicio y chocolate -es decir, a punta de endorfinas-  consiguió la fortaleza para pasar la página, superar el drama ocasionado por el despecho y sentirse posiblemente mejor que nunca. Así que a usted, apreciado lector, le doy las gracias por aguantase mi jirijiri/guayabo/mal rato y acompañarme en esos momentos difíciles. De ahora en adelante me dedicaré a escribir más cuentos y más artículos "No-ficción" que acompañen mi nuevo estado anímico y que posiblemente, lo hagan reír (y no llorar).  No escribo más porque es viernes y no pienso quedarme en mi casa, mañana, sin embargo, estaré en un curso  obligatorio de esos fastidiosos de servicio comunitario (7am - 5pm) y me dedicaré a escribir cuanto cuento pueda. Lo prometo.

Gracias,

La humilde escritora.

Wednesday, May 19, 2010

Plastic thingy

¿A quién no le encantaba jugar con estas vainitas cuando era pequeño? Me acuerdo de chiquita, siempre que iba a casa de mi tía arquitecto, iba corriendo como un imán hasta el perolito éste. Ella siempre tenía, como buen arquitecto, objetos curiosos a la vista. Y yo era capaz de jugar horas pasando los espirales de un extremo a otro, enredando la casa, estirándolos para ver cuántos metros abarcaban o cuantos objetos podía amarrar con él. Recuerdo que venían de todos los colores, y hacían el recorrido del arcoíris: empezaban por el morado y terminaban en rojo. A veces con mis amigas jugábamos a cerrar los ojos y adivinar qué color éramos, balanceando el plastic thingy hasta detenerlo en seco para ver en qué color se equilibraba el espiral del centro. A esa edad uno lo único que podía esperar era que saliera algún color femenino, como morado, rosado, o rojo, porque si no entonces eras un niñito de corazón, jajaja... qué tonterías, ¿no?

Ahora no puedo dejar de preguntarme ¿cómo se llaman estos plastic thingies? Si alguien  tiene alguna idea por favor avíseme. Gracias. La gerencia. 

Tuesday, May 18, 2010

3 things on babies

1. No hay nada mas CUCHI que los mini zapatos, así te claven 80 dólares por algo que sólo va poder usar 2 meses cuando mucho.


2.Es mentira que todos los bebés recien nacidos son lindos. Hay unos bastante feos, y suelen ser la mayoría. Lo que sí es verdad es que hay una edad, como de 1 a 4, que todos los bebés son demasiado bellos y cuchiiiis!! No importa la etnicidad. 
Aquí la prueba: 
3. Voy a ser tía y esto me tiene demasiado alegre!!! Voy a ser la tía cool, la tía simpática, la tía querida, la tía consentidora, la tía/madrina putativa. The best one ever! I'm gonna rock, and that baby is gonna love me, ajuro y porque sí. 
 

Comme je suis arrivé à Bruxelles

Hace tres años nunca hubiese imaginado que viviría un día tan surreal como hoy. Es verdad eso que dicen que tu vida puede cambiar por completo con cada pequeña decisión que vas tomando en el camino, puede ser algo tan nulo como decidir un día ir al mercado en vez de a la farmacia. Hace tres años yo trabajaba en un pequeño periódico de turismo en La Paz, mientras estudiaba Artes Audiovisuales en la Universidad de Aquino Bolivia.

En ese entonces, yo no tenía mucha idea de qué iba a ser con mi vida, no pensaba en el futuro, no me trazaba metas, sólo me aseguraba de vivir al máximo el presente.  Mis días contemplaban una  ocupada rutina: estudiaba en las mañanas, trabajaba en las tardes y en las noches salía con mis amigos a tomar en una pequeña cantina que quedaba cerca de la urbanización donde vivíamos la gran mayoría. Otros días íbamos al cine, o a la plaza a echarnos cuentos, yo en ese entonces escribía tonterías y casi siempre tenía mis oídos tapados con unos audífonos que despedían el rock más pesado, y las semanas pasaban así, entre amistades, besos en alguna esquina abandonada de La Paz, y horas continuas de lectura, escritura y sorbos de café para que me rindieran más y más los minutos del día. 

Hace tres años nunca hubiese pensado que ese viaje a Guayaquil sería tan determinante en mi vida. Y pensar que salió de la nada. Una agencia de viaje quería promocionar un nuevo paquete turístico a un Resort en Guayaquil y querían publicidad. Pero publicidad periodística. Es decir, les salía más barato pagarle el viaje a un periodista y alojarlo allá con todo incluido, a pagar una página completa de publicidad en el periódico.  Recuerdo ese día en la pequeña sala de redacción, éramos apenas 3 redactores que escribíamos todo el diario, los tres estudiantes,  y yo tuve la suerte, la grandiosa suerte, de que mi profesor de Cine documental -la clase que veíamos los viernes- tenía un viaje programado desde el inicio del semestre y nos había dado el día libre. Los otros dos periodistas, en cambio, tenían entregas importantes y estaban a millón. Así que cuando la agencia llamó, y habló con el Editor en Jefe, en cuestiones de segundos ese pasaje tenía mi nombre y apellido.

Un día después, desperté en Guayaquil. No recordaba ni como fue el trayecto nocturno en aquel vuelo que pasó más rápido que volando, mientras yo estaba en el octavo sueño. El despertador ahuyentó la nieve y me introdujo a la realidad, esa de playa y piscina, room service y fotografías, una extraña combinación entre trabajo y placer,  contradiciendo toda lógica de que estas dos no podían ir de la mano.

Bajé al Lobby, donde habían periodistas de otros medios y algunas agentes de viaje. Me incomodaba un poco ese plan de ahora tienes que hacer todo lo que te digo porque yo te pagué el pasaje, capisce? Pero qué más podía hacer que sonreír y calarme todo el cuento, porque a fin de cuentas yo estaba ahí, en la ilustre Hostería Bella Vista, gracias a ellos. Y socialicé. Conocí a mucha gente aburrida, entre piscina, playa, paseos infinitos, comidas en abundancia y entrevistas múltiples a gerentes hoteleros y turísticos de la región. En un momento dado, intenté escapar de la programación y me encontré encerrada en un sauna. No sé cómo explicarlo pero esa sensación de calor extremo sofocante me parece extraordinaria cuando estás ahí sentada sobre la tablita de madera, con una toalla encima, sudando hasta la última gota de tu ser. Y de repente, de la nada entró una extraña y se sentó a charlar con un marcado acento francés. Ella era Laurie. Una belga multimillonaria, simpática pero loquísima, que estaba de vacaciones sola en Guayaquil porque su dedo mágicamente aterrizó en Ecuador cuando estaba jugando con el Globo Terráqueo. Estaba empeñada en hablarme en español, porque necesitaba practicar la lengua de su bisabuela, quien había muerto meses atrás.

Laurie era filósofa, pero no de esas pesadas existencialistas. Estaba trabajando en un nuevo proyecto de escritura y quería empezar a escribir en español. Me hablaba de Bruselas como la mejor ciudad del mundo y en ese momento, recuerdo que tanto me habló de su vida allá, que por un microsegundo se me antojó vivir otra realidad a la que se apropiaba de mis días de lunes a viernes en La Paz. Intercambiamos direcciones y cada ciertos meses me llegaba una postal de Laurie, a quien siempre respondía con mucho cariño breves líneas sobre mi vida en Bolivia. Nada de detalles, ¿qué tanto puedes decir en tres líneas? Yo dejaba que las imágenes hablaran por sí solas.

Y así pasaron dos años hasta que Laurie me escribió que estaba entregada a la enseñanza, dando clases de literatura a chicos de secundaria. Me dijo que en su colegio estaban buscando desesperadamente una profesora de Español, que fuese latina. Y que si me interesaba el trabajo. En el momento yo estaba completamente desmotivada en La Paz, harta de la rutina, de los chicos, de mis amigos, de la cantina. Sentía que todo era gris, supongo que era una pequeña crisis existencia. Y cuando me llegó esa postal, el 7 de febrero de 1997, yo no lo pensé dos veces. Llamé a la agencia de viaje, compré mi pasaje, y la llamé de inmediato.  -Llego mañana, Laurie. ¿Crees que todavía tenga chance? -Claro que sí, respondió, te quedas en mi casa, ¿a que hora llega el vuelo?

Y me fui a Bruselas sin decir adiós, con una maleta llena de fotos, libros, cuadernos, tres pantalones, dos suéteres y unos converse mal gastados. 

Llevo una semana aquí. Mi vida dio un giro de 180 grados. Hace 10 días nunca lo hubiese pensado posible, pero aquí estoy, disfrazada de lo primero que encontré en closet de Laurie,  con mil besos encima de la fiesta de burla de San Valentín, donde Laurie me presentó a su amigo Absinthe y éste como a 5 hombres más. De la nada, aquí estoy, aprendiendo francés. Viviendo en una ciudad más hermosa de lo que imaginé, como sacada de La Bella Durmiente; con un trabajo que me paga lo suficiente para vivir bien, con un salón de veinte niñitos que me llaman Marie, porque no se acostumbran al María y escribiendo más que nunca porque finalmente tengo tiempo y material de qué escribir. Todo aquí es una inspiración y lo mejor es saber que cualquier viernes al medio día puedo agarrar un tren e irme a París, Madrid, Roma, Amsterdam, lo que fuese... A veces me pregunto dónde estaría ahora si el profesor de Cine Documental no hubiese tenido un viaje de producción ese viernes...

Monday, May 17, 2010

Llegó la hora

Llegó la hora de pasar la página. De empezar a sonreír. De dejar de buscarte en todos los rincones de mi alma. De querer dar lo mejor de mí para mí y por mí y nadie más. Llegó la hora de volver a salir, de aceptar invitaciones, de conocer gente nueva, de no escuchar más a Pablo Milanés y leer Neruda, porque todos ellos me hablan de ti.

Llegó la hora de no esperar más ese e-mail que nunca va llegar. regresar a la ficción, a mi amor imposible, a mis ansias infatigables de ser la escritora magnífica, no porque te hayas enamorado de ella, si no porque en el fondo, ésa soy yo y no puedo dejar ser yo misma por ti.

Llegó la hora de secar las lágrimas y forzar una sonrisa, así no me salga al natural. De escuchar canciones que me hagan sentir feliz y de hacer ejercicio a diario, porque el #planmami es para mí.

Llegó la hora de encontrar nuevas formas de amar. De quemarme las pestañas estudiando para el GRE escribiendo esas 25 páginas de la mejor ficción en el mundo para ganarme la fulana beca e irme bien lejos de aquí.

Llegó a la hora de dejar el drama y escribir de humor. De volver a soñar y seguir con mi vida. 

Llegó la hora de seguir con mi vida y de olvidarme de ti. Llegó la hora, me despido de ti.

Quiero leer este libro

En noviembre, Chiqui y yo hicimos un trato. Las dos íbamos a participar en Nanowrimo (National Novel Writing Month) e íbamos a escribir una novela en un mes. Esta vez, en español, porque ambas habíamos escrito ya una novela en inglés (cada una la suya) y porque oportunamente, un mes luego de acabarse el Nano, teníamos la oportunidad de nuestras vidas. Entregar el manuscrito para concursar en el Premio Iberoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri (sí, así de ambiciosas éramos). El caso es que que mi amiga Chiqui, desde Holanda, entre flamenco, clases de actuación, de baile árabe, su trabajo de ingeniero en no sé dónde, y mil cosas más, terminó su novela en un mes. Y yo, aquí en Caracas, con la universidad y -en ese momento- desempleada, sólo llegué a 15 mil caracteres desalmados que además me dieron Tendinitis. Y así fue como en dos semanas el sueño de ganarme esos 12.500 dólares y ver mi libro en los estantes de las mejores librerías se esfumó al realizar que escribir un buen libro en un mes y luego editarlo en otro, era una tarea imposible para mí. 

Me olvidé del Premio Arturo Uslar Pietri, y luego, cinco meses después, el premió me encontró en el trabajo, pues la presentación del mismo era, literalmente, en el auditorio de la Corporación donde trabajo. Al enterarme de esto, bajé y me senté -camuflada- entre la audiencia a escuchar el discurso de quien sí fue capaz de escribir su libro en 4 meses, editarlo en dos, y luego ganar ante 110 manuscritos de 14 países diferentes. 

Venezolano, y ex profesor de literatura del Colegio San Ignacio, Eduardo Sánchez Rugeles es el escritor de Blue Label / Etiqueta Azul.  ¿Por qué no eligió uno de los dos idiomas para el título del libro? No sé, pero supongo que entre sus letras se hallará la explicación (o por lo menos eso espero). La sinopsis del libro me llama la atención porque de alguna manera me identifico. Es la historia de una joven venezolana que busca irse del país en procura de un futuro y de su propia identidad. (creo que no soy la única que me identifico con este plot). Blue label/ Etiqueta azul ganó entre 106 manuscritos de 14 países diferentes. Cuenta el jurado que el 70% de las novelas eran de nacionalidad venezolana y me alegra que la primera entrega del premio se haya quedado en casa. No me gustó el discurso del ganador pero igual lo congratulo. Ojalá algún día escriba una novela digna de un reconocimiento tan bueno como éste.

Sunday, May 16, 2010

Foquin' Murphy

Desde que tenemos uso de razón, todos hemos sido víctimas de la detestada Ley de Murphy, aquella que dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Nos pasa cuando aprendemos un truco de cartas, lo practicamos ochocientas veces y cuando finalmente nos queremos lucir ante nuestros amigos, el foquin truco no sale. Y así, pudiste haber estudiado el 99% de la materia, pero en el examen te preguntaron esa pregunta que era la única que no podías responder. Murphy nos acompaña cuando estamos más apurados y hay un tráfico infernal hasta en los caminos verdes que siempre están despejados; nos joroba la paciencia en el mercado, pues cuando vamos a comprar un producto específico, este está agotado -y estábamos cansados de verlo en grandes cantidades en el anaquel-; nos atormenta la vida en el avión cuando somos alérgicos a los bebés llorones, y el único bebé en los 245 puestos está justo al lado tuyo; y en general, nos hace la vida imposible, todos los días de nuestras vidas. Tanto así, que Murphy se ha convertido en un pana más detestado, pero de esos que se te pegan como un chinche y uno aprende a soportar, a lidiar, y a tratar porque el pana se cree tu amigo y no te queda de otra.

Pues hoy me dieron ganas de investigar sobre la fulana Ley de Murphy. Me dio curiosidad ¿quién la creó? ¿en qué año? ¿bajo qué contexto? Y entonces, le pregunté a mi gran amigo Google. Y Google -sabiamente- respondió:

Pues la Ley de Murphy, viene de Edward A. Murphy Jr., ingeniero aeroespacial americano,  empleado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en 1947,  para trabajar en una línea de investigación que se basaba en experimentos con cohetes sobre rieles. Luego de una explicación bastante técnica del experimento que hizo Murphy, que no pienso dárselas porque no entendí un carajo,  al parecer el asistente del ingeniero siempre metía la pata, y los resultados finales del experimentos eran caóticos, por lo que Murphy, frustrado, y en presencia de otros investigadores  dijo con un tono arrogante "Si una persona tiene una forma de cometer un error, lo hará". Esta es tan tan sólo una versión, el hijo de Murphy alega que su padre no lo dijo en función a los errores del asistente, lo dijo con respecto al experimento en específico, y que la frase no fue esa si no "Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culminará en desastre, alguien lo hará de esa manera".

La frase luego fue resumida en "Si puede ocurrir, ocurrirá" y salió a la luz pública durante una rueda de prensa, donde algún periodista preguntó cómo hicieron para que nadie resultara con heridas de importancia durante el experimento, y el investigador adjunto respondió que lograron evitar inconvenientes porque tomaron en consideración la Ley de Murphy. Posterior a esto explicó el significado de la Ley como que es importante considerar todas las posibilidades antes de hacer una prueba. Irónicamente la frase popularizada con la que se suele citar esta ley "Lo que pueda salir mal, saldrá mal" nunca fue pronunciada por Murphy.

Hoy en día creo que la ley ha ido tomando su propio curso, y el boca a boca ha hecho que cada quien le de su propio uso. Hoy en día hay listas infinitas de leyes de Murphy, o leyes consideradas de "Máxima fatalidad con el mínimo esfuerzo".

También sacaron los corolarios de la Ley de Murphy:
- Nada es tan fácil como parece
- Todo lleva más tiempo del que usted piensa
- Si existe la posibilidad de que varias cosas salgan mal, la que cause más perjuicios será la única que irá mal.
- Si usted intuye que hay 4 posibilidades de que una gestión vaya mal y las evita, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad.
- Cuando las cosas se dejan a su aire, suelen ir de mal en peor
- En cuanto se ponga a hacer algo, se dará cuenta de que hay otra cosa que debería haber hecho antes.
- Cualquier solución entraña nuevos problemas
- Es inútil hacer cualquier cosa a prueba de tontos, porque los tontos son muy ingeniosos
- La naturaleza siempre está de parte de la imperfección oculta
- La madre naturaleza es una perra

Tráeme una, por favor

Tengo dos noches soñando con una Piña Colada. Me la manda un niño que está buenísimo, que me ve escribiendo en una mesita playera mientras mis amigas están echadas tomando sol. Yo estoy sedienta, pero inspirada. Cuando viene el mesonero con la bebida, me siento completamente sorprendida y halagada por Mr. Hottie, looking at me, y me tomo mi piña colada que llega a ser un elemento clave en la historia que estoy escribiendo, dentro del sueño. Ayer me desperté con antojo de Piña Colada, pero ni modo, eran las 8:30 de la mañana. Me puse a leer un rato, a dar como ochocientas vueltas en mi cama, hasta que inevitablemente me volví a dormir, y en la noche, mi intento de salir a tomar Piña Coladas se frustró ante la inactividad de mis amigas, quienes tenían todo el día enratonadas y preferían un plan tranquilo de ver películas y jugar juegos de mesa. Pero yo, si yo no iba tomar Piña Colada, o cerveza, en algún lugar chévere, preferí quedarme en casa escribiendo en este blog, porque películas tengo en mi casa, en cantidades abismales. El colmo fue que hoy me despierto y recuerdo una vez más haber soñado con la  bendita Piña Colada. Y ahora el antojo es doble. Ok, aunque lo parezca, no, no soy alcohólica, pero quiero, necesito y exijo una piña colada. Que sea exquisita. Que tenga mucho alcohol. Que tenga la cerecita, y la piñita, y esté servida en una copa como esta. Que me la traigan a alguna piscina fantástica como la del Hotel Pestana, o que me la lleven a la playa. Y que me la mande un Mc-hottie. Jaja, mentira. Tampoco soy tan exigente. Puede ser en algún restauran, bar, discoteca. No me importa. Just get me the damn Piña Colada!!!!!!

Saturday, May 15, 2010

Cafeína para el alma dormida

Ok. ¿Qué decirles de mi adicción al café? Y ni siquiera al café. A la ca-fe-í-na. Es algo descomunal. Esta manía empezó desde que trabajaba en la agencia de publicidad de copy-writer el año pasado. El despertarse temprano para llegar al trabajo y estar en ese ambiente helado sencillamente te impulsa a correr hacia la cafetera. Recuerdo en ese momento a la bruja Inés, la señora que preparaba el café, carajo la verdad es que le quedaba divino, lo hacía en cantidades generosas y lo almacenaba en un moderno termo dantesco que lo mantenía hirviendo a toda hora. Y yo era la abusadorsita que entraba en la micro cocina (porque siempre son como de mentira las cocinas corporativas) para servirme aquel vasito de café, cada hora y media. Lo genial era que detrás de la cocina había una puerta que te llevaba a una especie de azotea (el edificio tenía apenas tres pisos, salir a la azotea no era en lo más mínimo una señal de depresión) y podías tomarte el café ahí, aislado del trabajo por unos pequeños minutos mientras veías la parte de atrás de una de estas areperas de Chacao, el Centro San Ignacio a la derecha y detrás, nuestro bello Ávila. Era una buena costumbre laboral. O mejor dicho, anti laboral. 

Luego, cuando dejé el trabajo por un viaje de varios meses a Nueva York, sustituí el café por la Coca Cola Light. Yo era de esas que siempre se negaba a tomar productos dietéticos, porque hello, ni que yo fuera gorda. Pero ese mes de julio recuerdo que me dio, por primera vez en mi vida, por hacer dieta y ejercicio porque yo tenía la extraña fantasía de llegar a Nueva York más flaquita, buenota y espectacular. Y bueno, empecé a caminar, a desayunar una manzana con yogur descremado, almorzar pechuga de pollo con brócoli y cenar atún con vegetales (ni una cucharada de mayonesa). todos los santos días. La dieta fue un fracaso nefasto, tres semanas y sólo había adelgazado un kilo, que a ciencia cierta me lo había quitado la primera semana. Esto me quitó el estímulo de seguir sacrificándome. Y yo, hay que decirlo, tengo mentalidad de gordita. Siempre la he tenido. Delirio por unas papas fritas. Me encanta que me inviten a comer. Amo una pasta, una pizza, una hamburguesa, un pie de chocolate, un tres leches. Un pabellón. No podría vivir sin el arroz blanco y las tajadas fritas. Amo la comida, y no me gusta pasar hambre o dejar de comer. 

Entonces le dí con la Coca Cola Light por muchos meses hasta que en enero de este año, empecé a trabajar otra vez y de nuevo, aunque aquí no tengo a la bruja Inés, siempre estoy tomando café.  A veces se me va la mano, y me sirvo dos mugs grandes. Y en eso me siento embuchada. Y es la sensación más horrible. Cuando el café de la micro cocina se acaba, o sencillamente nadie hizo (y yo soy de las inútiles que no sabe montar una cafetera de esas eléctricas, sólo las de greca) bajo al cafetín con mi amiga y nos actualizamos en nuestras vidas mientras me tomo un con leche exquisito (le echo canelita a la crema) y compartimos un Cri Cri. Es lo máximo. 

Pero la verdad es que sin el café o la Coca Cola Light siento que no termino de despertar. Es esa adicción 100% nociva para la salud porque te crea una dependencia, y además, te mancha los dientes. y para rematar, te saca celulitis. Recientemente, he tratado de sustituir los mugs de café negro por una lata de Coca Cola Light, pero hasta la chamina del cafetín que me vende la droga me regaña, y cada vez son más las personas que me miran con cara de loca cuando me ven desayunando una empanada de queso con Coca Cola Light. Sólo espero que cuando llegue a vieja no me pase lo que le pasa a mi papá, que si pasa media hora, después de desayunar y/o almorzar, sin tomarse su café, lo invade una migraña horrible hasta que finalmente se toma el primer sorbo de su Starbuck's que queda en la esquina de su casa. Si no es ese, no se le quita. 

Thursday, May 13, 2010

Sólo diré

... que anoche me acosté a dormir triste, y en la mañana me sentía completamente desmotivada. Pero si hay algo bueno del trabajo y los estudios es que tienes una razón para pararte todas las mañanas, en este caso una obligación, y de verdad que bienvenida sea la rutina si es la misma que me va sacar de la cama y forzarme a seguir con mi vida. Pues hoy me levanté, milagrosamente conseguí las llaves del carro rápidamente y llegué temprano al trabajo, donde me concentré en todas las asignaciones del día. Me sentí contenta de ser productiva y de que mi trabajo valiera para algo grandioso. Y luego almorcé con una gran amiga y los problemas de ayer, ya no eran problemas si no esas pequeñas cosas de la vida que la llenan de desenlaces. ¿Cómo sería nuestras vidas sin dolor y sin complicaciones? Completamente ficticias y vacías pienso yo... y en eso mer recordé de una canción de La Ley que dice "Sin dolor no te haces feliz, sin amor no sufres más". Y me sentí tranquila otra vez. Luego, aunque no paraba de llover en Caracas, me aventuré a irme a la universidad por una vía distinta, la que normalmente está más congestionada. Pero fue como una corazonada que tuve, y me dije, vamos a intentarlo. Y por muy tonto que parezca el riesgo, me fue bien. Llegué en tiempo récord a la universidad que queda en el otro extremo de la ciudad. Incluso llegué hasta 20 minutos más temprano lo que agradecí porque me dió chance de merendar con mi amiga Camila, la que escribe este blog. Luego entré en mi clase de fotografía publicitaria y estuvo de lo más bien, aprendimos mucho de iluminación y luego vimos un pequeño documental "Heavenly Porsche" donde nos enseñaron todo un proceso de producción para tomarle una foto publicitaria a un Porsche negro espectacular. Finalmente llegué a mi casa para escribir estas lineas corriendito porque hoy siento que no he perdido si no ganado y que la vida tiene sus altos y bajos y todo es válido.  Ahora los dejo porque voy saliendo a tomar con una amiga que tengo dos años sin ver!!!! Tal vez escriba más tarde. Tal vez sencillamente me acueste a dormir. 

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